viernes, 6 de enero de 2012

El tiempo no pasa, porque es eterno.


¿Alguna vez has hecho esto? ¿alguna vez has dejado llevar tus manos y haber escrito sin pensar en lo que escribir? Yo lo estoy haciendo, miro la pantalla fijamente sin querer encontrar en ella respuestas a mis desorbitados pensamientos que hoy me abruman, porque no pasa nada, porque no los busco ni siquiera, porque sólo estoy intentando que salgan fuera de esta manera... Escribir, escribir es mi eterno placer en días como el de hoy, donde nada más me puede gustar tanto como esto, donde nada más pueda darme mayor satisfacción que encontrarme yo misma aquí, entre letras y palabras que se unen y entrelazan formando estas frases que muchas, muchas veces, carecen de sentido. Pero no me importa, mi alma se libera.

No pienso leer las burradas que escribo porque mi intención no es tener algo bonito que decir y que quede perfecto, escribo por gusto, sin presiones, sin una guía a seguir, incluso cuando a veces no tengo nada que decir. Escribo porque me siento bien haciéndolo, porque me desahogo, porque salgo de mí... Que es lo único que quiero ahora mismo, salir de mí, salir de aquí, salir de toda la gente... y cómo cuesta.

No necesito nada más que la luz que entra por las ventanas en atardeceres como este donde lo único que me dan ganas de hacer es de salir por la puerta de mi cuarto, sentarme en las escaleras, encender un cigarro, ponerme los cascos y sumergirme en eternas melodías que se repiten como tambores insesantes en mi sien, haciéndome delirar y perder a  veces la compostura cuando a mis ojos, a mis traviesos ojos, les da por llorar...

Llorar, ¿por qué? quizás por lo bueno, quizás por lo malo. Quiero respirar aire puro y salir de estas cuatro paredes que me marean de tan quietas que están. Este espacio es minúsculo para una persona tan grande, tan grande, y tan grande como yo... Me asfixio continuamente, y no basta con dejar entrar entre rendijas soplos de brisas que muchas de esas veces llegan desde el mar. Necesito otras cosas.

¿Autoayuda? Seguramente pueda describirse como tal el método que hoy utilizo creyendo que a nadie más le importa como a mí que línea tras línea vaya dejando el paso de recuerdos, que no es más en lo que se convierten estas palabras, espacio tras espacio, sólo recuerdos... cuando un segundo resta al otro, ya no hay marcha atrás. Tengo una obsesión con el tiempo, espero que nadie se haya dado cuenta aún, me llamarían loca, ¿loca yo? más de lo que estoy ya, sí... Loca por ver como la vida pase, que no se consuma entre lamentos, que esto es la gloria sólo porque tengamos la fortuna de vivir como unos acomodados que no miran más allá... porque este mundo... es tan materialista. Dios, me da pena, me dan pena, me doy pena.

¿Valorar? ¿otra vez? estoy tan cansada de esta palabra, ¿cuántas veces la habré repetido? Será por esa sensación infinita de creer que muchas personas no lo hacen.

Odio estas fechas, me vuelven un ser frío, nostálgico, que nada más que recuerda cuando era una niña, y la ilusión del 25 de Diciembre, del 6 de Enero... En fin, será por eso que estoy obsesionada con el tiempo. Y yo, ¡yo! que soy una persona que siempre se autoconvence de que hay que vivir el presente sin importar el resto.

No sé, no sé, no sé... No sé qué haré, dónde estaré. ¿Me debería de preocupar? A veces sólo me transladaría al lugar y al momento exacto donde sólo pudiese sentir el cálido abrazo que necesito de una persona a la que echo de menos cada día que pasa. Mi misma sangre. Me pregunto qué pensará de todo esto, si estará contenta con su vida, o de si tendrá las mismas ganas de verme.

Mucha gente pasa desapercibida porque así cree que es mejor. Me escondí en muchos lugares donde absolutamente nadie sabía donde encontrarme porque me cansé de lo cínico que puede llegar a convertirse alguien. Ah... Odio la hipocresía. Odio que me digan que me echan de menos y que no hagan nada por evitarlo. Teniéndome tan cerca... y pudiéndome ir tan lejos.

Sigo guardándome tantas cosas, que a veces me pregunto qué pasaría si las dijera todas una por una... No, no digo lo que pienso ni pienso lo que digo, muchas veces no es así, me ahorro demasiados malos ratos de después.

Esto me amarga, me amarga este lugar, este día... Me amarga la música que no quiero que suene. Me amargan tus palabras. Me amargan las mentiras aún cuando saben que sé que lo son... Imbéciles.

Tantos dias buenos, como malos... De algo se aprende. Se acercan fechas que no quiero que lleguen, gente que se va, que luego vuelve, para volver a irse... Me dan terribles ganas de llorar de verdad. Aún nadie sabe cuánto llego a echar de menos aunque pasen sólo 30 días sin poder abrazar a alguien que necesito que me abrace, será cuestión de paciencia, o eso dicen...


Mis manos creo que se cansan... Así que dejo ya esta paranoia. Ya me siento mejor, escribir por escribir, ¿qué mejor alivio que este? Que fluya, sólo que fluya, con un tema en especial de The Subways que
me encanta, porque al activar la repetición con sólo él puesto, el final pareciera que se une al comienzo, y me da esa sensación de que no acabara nunca... Que es continuo. Una continua repetición pero que cada vez me gusta más. Tan corto y tan intenso... Porque no para...









No matter now, time is slow...





2 comentarios:

  1. No sé si es porque me siento muy identificada, porque la luz también entra por la ventana cada atardecer o cosa de la música, pero me ha llegado, muy muy adentro.

    Con tu permiso me gustaría publicar una parte en mi blog, por supuesto identificándote como la autora.

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  2. Vaya, gracias, por haber leído la entrada, por haberte sentido identificada, por valorar lo que es escribir de esta manera. Me ha alegrado tu comentario y sobre todo que hayas querido coger una parte y ponerla en tu Blog, como el que lo hayas recomendado. La verdad es que ha sido la primera vez que he escrito así, sin pensar, y me gusta que las personas sean capaces de percibir lo que quiero transmitir. Gracias. ¡Un beso!

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