domingo, 4 de marzo de 2012

Tengo que aprovechar el momento... Siéntelo.

Increíble.


Yo sólo sé que si se puede, yo dejo que este corazón me lleve y me eleve allí donde la música conmueve, y estos ojos se atreven con la sangre de la herida porque la vida es increíblemente breve, así que bebe, bébete esa lágrima traidora que llora, huye de la tristeza que devora porque aún quedan auroras increíbles y bonitas en esta vida maldita que se evapora, y que enamora.

Increíble, como el sol soy libre, libre mientras mi corazón vibre. No creo en las leyes de los Dioses de los cielos porque todo lo divino de la vida está en el suelo. Y porque suelo creer en las personas y no en mitos, sé que el corazón es infinito y que el tiempo es una daga que se clava lentamente aunque nada dura nada, sé que todo es para siempre.

Así que siente, disfruta del paisaje de este viaje porque cuando el telón baje sólo seremos cenizas y quizás no haya otra vida cuando se pare la música, por eso yo vivo ésta como si fuera la única.

La vida es un intervalo, una herida, un regalo, un beso con veneno, un rato bueno y otro malo y la única verdad está en los ojos del que mira, en las manos del que toca y en las bocas que respiran. Y así vivo sin prisa, entre llantos y sonrisas, y la única premisa que yo tengo como cierta es que en este suelo fértil, tú recoges lo que siembras.


Y, si el ánimo del ánima está anémico, a veces las lágrimas son los mejores médicos. 








Yo, como ves, aún me visto por los pies, 
mi corazón es el que manda sobre mí y no al revés.


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