domingo, 27 de mayo de 2012

Busco aire, encuentro polvo.



Mayo, domingo 27, cómo pasa el tiempo. Hoy no sé qué escribirte, no sé cómo empezar, pienso en ti cuando necesito tranquilizarme y nunca encuentro las palabras exactas que me ayuden a comprender cómo me encuentro esta noche. Hay veces en las que me acuesto con la persiana abierta, el inmenso cielo recubre mi cuarto, hay miles de puntitos brillantes por todas partes a los que me gusta mirar antes de dormir, esas estrellas están ahí por algo, estoy segura. Me hacen pensar, imaginar, llorar; hipnotizan mi mirada. Hoy no quiero más, la perfección de mi momento es demasiada para describirla, el mundo que hay aquí abajo es mil veces inferior, supongo que es lo único que me quiere hacer recordar.

Meses de mierda. Es todo lo que tengo aquí dentro. En mi pecho y en estas 4 paredes, sólo unos meses de mierda. Estoy preparada para lo peor, supongo que hoy las cosas siguen torcidas, con todo y con todos y no encuentro la manera de que todo lo positivo me dure más de medio día. Vuelvo a estar harta, vuelven a ahogarme las dudas, y esta soledad inyectada en mi cabeza día tras día. Y ahora que han acabado dos años, ¿dónde pasaré cada mañana? ¿metida en la cama aunque no quiera? Hastío y tedio. No los quiero más conmigo, juro que no más días en los que no tenga qué hacer.

Aquí faltan sensaciones que ya habían pasado por mí más de una vez, de las que me hacen sentir viva. Faltan abrazos, faltan sonrisas, y faltan palabras que me hacían sentir querida. Tus ojos...
¿Dónde están cuando grito por ellos?
Y aquellas risas, aquellas eternas risas, ¿dónde se escondieron?
Tu saber querer, y nuestras cómplices palabras.

Dije que no echaba de menos a nadie, que estaba bien tal y como estaba, pero esta coraza se rompe cada día al llegar a casa siempre cuando todo termina. Hace dos días terminó y no he vuelto a recomponer la coraza, me siento desnuda, me siento frágil, y temo romperme como ella.

Entre tanto humo y esa música que me hizo volver a un verano de hace dos años, o uno, recordé lo que para mí significaba estar a tu lado, el verte, tu compañía, la alegría que me transmitías y toda esa buena y positiva energía que entre tú y yo fluía. Joder, no la extrañaba, de verdad que no la extrañaba. Luego miré al cielo y empecé a respirar todo ese aire que entraba por la ventana, y yo ahí, escondida debajo de ella; el cielo estaba limpio, azul, como últimamente todos los días que pasan por aquí arriba, y su extremo se iba llenando de unas nubes grises, unas densas nubes grises que recubrían la claridad y la armonía que me reflejaba ese atardecer tan relajado que me había creado. La única interpretación que pude darle fue la de mi vida,  y quise jugar con la imaginación, y me estaba creyendo lo que ella me hacía creer:


Todas esas nubes grises que parecían que estallarían y romperían a llover de un momento a otro, parecían mis propios problemas, los que me invaden, los que amargan mi bienestar, y había pasado un minuto, o mucho menos tiempo cuando. poco a poco, y a la vez con velocidad, iban acaparando todo mi paisaje, el que parecía dibujado sólo para mí. No pude parar de pensar en ti, y en ti, y en ti... y todo nuestro universo. Recordé cosas que creía haber olvidado, y sentí tu querer, como si de nuevo estuviéramos ahí, sin que importase nada más que los mil abrazos que nos brindábamos sin pedirlo, aquellas largas noches, y un sitio, las veces que me quedaba haciéndote compañía aunque me tuviera que ir, y todas las locuras, las llamadas, los mensajes, todo lo que escribía para ti, tu sentimiento de rabia y mi sentimiento de culpabilidad, tu odio, mi amor, rechazo, tristeza, dolor, paz... Todo colapsó en un segundo y pensé en que volver a escuchar tu voz sería mi única fortaleza...



Supuse que estas cosas sólo podían pasar una vez en la vida, y prefiero buscarle lo bueno que es con lo que debo de quedarme. Le di importancia a esa señal, y en mis venas sólo recorría el anhelo de sentir libertad, y quería liberarme y me quedé igual. Pero no me culpo. 


Esta retorcida mente se recompondrá, tarde o temprano las cosas mejorarán, los problemas se querrán marchar por sí solos sin un nada que los empuje, y yo me querré estabilizar. Dicen que si algo empieza mal no puede acabar bien, y seguro que ahí afuera también siente que cuando algo negativo pasa, vienen cien detrás que es más de lo mismo... 




Yo sólo sé que, a ti, te quise, y te quiero, que lo que sentí por ti crecía cada día un poco más y que tus hechos siempre me habían demostrado que allí seguirías al igual que yo. Que no se me caen los anillos por volver y meterte en la cabeza otra vez que quiero que todo siga bien. He sido cabezota, y me he intentado meter simples frases que ni yo me creía. Sólo tú sabes que no es verdad. Que no es verdad que no te extraño, que no te he necesitado, y que estoy bien así. Y si pudiera empezar por solucionar lo que hoy pasa conmigo, empezaría por ti, porque tengo 3 meses y poco más para saber que estaremos aún en el mismo sitio, a partir de ahí comienzo a cuestionarme todo lo demás. Sea o no sea corto el tiempo que nos quede, necesito abrazarte una vez más, juro que necesito hacerlo ya.










"Porque nada vale nada, en un lado o en el otro se equilibra la balanza, y duele todo tanto, todo. En un lado todo el daño, todo lo bueno en el otro. Pero tú nunca en el centro, siempre haciendo algún destrozo. Y ya no puedo coserme, reinventarme ni quererme... Ha sido todo tan raro, sucedió todo tan fuerte."





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