miércoles, 6 de junio de 2012

Hablemos.


La noche entera, mi silencio, tanto espacio aquí adentro. 

Todos estos minutos pasan y yo apenas lo estoy percibiendo, y mañana sé qué diré: ¿pero qué estás haciendo con tu vida? aprovecha el tiempo que tienes ahora que puedes. Y yo, haciendo nada más que pensar en lo que vino y en lo que vendrá, en lo que está y en lo que no está. Se revuelve todo dentro del mismo cenicero donde ya desde hace tiempo dejo lapidados los días grises entre vuelo y vuelo, entre el humo que sale y que entra por la ventana que no me deja salir por mucho que esté abierta. Y esta habitación lo sabe. Respiro y siento orgullo y rencor por los daños colaterales que sufrí sin merecérmelo (creo). Y vuelve tu cara a mi cabeza y yo ya no me acuerdo de tus palabras, ni de tus gestos, ni de tu risa... se nublan los recuerdos desde que esta distancia se puso por encima de los km. Porque no hay mayor distancia que el tiempo que queramos pasar alejados de quienes más queremos, ¿no? Será por eso que esta inseguridad, esta eterna inseguridad atosiga y no me deja dormir tranquila. Vuelven a resonar esas melodías suicidas y ya no sé si sonreír o llorar, o las dos cosas a la vez... Todas las canciones que nos quisimos inventar y que no pudimos, todos los minutos de soledad sentándome a tu lado vuelven en cada voz, en cada sonido, como si flotara dentro en un universo que ya apenas añoro. Todas nuestras mentiras me agotaron, supongo, todos los malos tragos y todas las lágrimas en mi almohada significaron siempre algo, pero sigues estando ahí, y ahí, y ahí... y la nostalgia dispara cañonazos cuando con 4 letras quiero escribir "amor" y me sale "odio". Es inevitable volver con todo el pesimismo del mundo otra vez pensando que algo bueno puedo sacarle a todo ésto, cuando no hay una aliento alentador, cuando los ojos que quiero ver están lejos de los míos... Y sé que pensaré: "Joder, todas las putas madrugadas el mismo cuento." Y mañana me despertaré para volver a repetir los mismos movimientos de hoy con tanta monotonía que no me importarán tus "¿cómo estás?" Esas historias las contamos hace mucho tiempo. No hay fotos, no hay tus buenas noches, ni tus buenos días, no hay el echarte de menos, ni el pedirte que vuelvas ni que vuelvas a ser tú, ni el que estés, porque hasta las decepciones, las malditas decepciones, se volvieron de hielo eterno. Te voy a ser clara: No hay putas ganas de seguir el show.                                
                                                                                            (Putas ganas de seguir el show  
ni de continuar mintiendo, 
y en un travelling algo veloz,
 sale un "fin" en negro.)





"Hablemos de ruina y espina, hablemos de polvo y herida, de mi miedo a las alturas... Lo que quieras, pero hablemos, de todo menos del tiempo que se escurre entre los dedos."



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