jueves, 5 de mayo de 2011

Quiero ser...

Vuelve siempre a mí.


Parece que el tiempo va haciendo de las suyas una vez más y me alegra tanto saberlo, pero tanto... Alomejor no tantísimo como quisiera pero siempre va a haber algo que lo compense.

Y aunque cosas, muchas más cosas pasen por mi cabeza en este momento... nunca me sentiré tan fuerte como para describirlas todas. Las mañanas, las tardes, las noches... Todos estos momentos del día parecen iguales, y me estoy pidiendo algo nuevo aunque sin tratar de perder el control ante nada, los cambios radicales puede que me vayan demasiado poco, pero me estoy pidiendo un poco de acción, y sin tropezones.



Y sé que si pudiera dar un pequeño salto hacia atrás, lo daría sin dudar ni un sólo segundo tan sólo por darme el gusto de revivir esos momentos donde más disfruté como una cría. Lástima que sea imposible.

Pero imposible no es no olvidar, por eso vuelvo a aquellas canciones especiales de un grupo especial, (muy especial) para mí: La Oreja de Van Gogh, claro que el de antes: desde que empezaron hasta hace un par de años atrás, donde Amaia en el 2006 decide abandonar al grupo, a partir del 2008 cambia la historia, cosa que no me gusta nada pero bueno... Que no vengo a hablar de su trayectoria musical, sólo dedicarle un pequeño espacio aquí para decir que, aunque me gustaría presentar una larga, larga, larga lista de sus canciones, las más importantes para mí, y escribir un poco sobre ellas, voy a poner una en concreto, que no es que sea precisamente de La Oreja de Van Gogh, sino más bien de Amaia como compositora iniciando su carrera en solitario, puesto a que ayer, durante un buen rato, me dio por repetir un sólo tema, conocido (y da igual si así digo que sea o no sea comercial) que me hace pensar mucho.



Quiero ser una palabra serena y clara
Quiero ser un alma libre de madrugada
Quiero ser una emigrante de tu boca delirante,
De deseos que una noche convertiste en mi dolor.

Quiero creer, quiero saber que dormiré a la verita tuya
Quiero esconderme de miedo y mirar de una vez
Los ojos que tiene la luna.

Quiero cantar a la libertad,
y caminar cerca del mar amarradita siempre a tu cintura,
que esta locura de amarte no puede acabar
por mucho que te entren las dudas
de si eres tú el que me hace tan feliz.

Quiero ser la que te jure amor eterno.
Quiero ser una parada en la estación que lleva tu nombre.

Quiero ser el verbo puedo,
quiero andarme sin rodeos, confesarte que una tarde empecé a morir por ti

Quiero creer, quiero saber que dormiré a la verita tuya
Quiero esconderme de miedo y mirar de una vez
Los ojos que tiene la luna

Quiero cantar a la libertad,
y caminar cerca del mar amarradita siempre a tu cintura,
que esta locura de amarte no puede acabar
por mucho que te entren las dudas
de si eres tú el que me hace tan feliz.


Esta voz me ha acompañado desde que yo creo que tengo uso de razón en cuanto a gustos musicales, desde mi niñez, esa infancia tan fugaz que viví... Recuerdo un momento en especial con más vida que nunca; fue mi 8º cumpleaños, en el 2003, cuando La Oreja de Van Gogh sacó su 3º album: Lo que te conté mientras te hacías la dormida. Sabía que mi mejor regalo sería ese CD que con tantas ganas ansiaba tener. Me desanimé en un principio porque mis padres no me lo habían comprado, y mi hermana estaba allí, observándome con sonrisas llenas de tanta ilusión como fue la mía al abrir su regalo, era ropa... pensaba que tampoco sería lo que esperaba, hasta que me di cuenta que dentro de esa ropa estaba ahí el disco, y ¡qué alegría! Mi hermana ya lo sabía, sabía la cara que iba a poner, y sabía cuánto se lo iba a agradecer... y ¿alguien se haría una idea de cuántas veces he repetido el CD entero desde mi 8º cumpleaños? No, yo creo que no... Parecía la niña más feliz del mundo con él en mis manos, cuando quizá pienso que una niña a los 8 años es feliz con un peluche, una barbie, una bicicleta... Yo no quería nada de eso, yo sabía que al fin había encontrado más que una motivación, yo sabía que ese grupo iba a marcarme, yo sabía perfectamente que no sólo encontraba melodías que sonaran "bien", era algo más que eso, ya había elegido el que fue mi "grupo favorito" durante muchos años, porque a decir verdad, es que ya no era sólo un grupo, era algo más que eso... Y nunca, nunca, nunca olvidaré ese día que, hoy, como es de esperar, añoro como nadie con lágrimas corriendo por mis mejillas... Era música y yo con música ya vivía después de sacar su 2º album: El viaje de Copperpot. Me llegué a saber absolutamente todas sus letras como nunca antes había hecho, sin prisas, no me cansé ni me he cansado nunca, y creo que no me cansaré tampoco, porque cada vez es una historia diferente; voy creciendo y a su vez madurando, y así dándome cuenta de que esas letras son mucho más que profundas que a cualquiera le puede llegar a gustar por cómo suena por radio, para mí no es sólo eso. Para mí no es el hecho de, ahora, quizá, sentirme indentificada con alguna que otra, (porque antes eso para mí no tenía valor como es de comprender), es el hecho de querer estar dentro de esa música que compusieron hasta que dejen de existir esos archivos, hasta que pierda la cabeza, hasta que termine volviéndome loca y dejarme la voz por cantarlas hasta la saciedad. Miles de emociones han pasado por cada una de ellas, porque cada una de ellas despierta algo en mí, y es demasiado grande para que alguien me pueda entender. Es amar verdaderamente una voz, una guitarra, un bajo, una batería, un teclado... Y es que ellos ya no son lo que eran... Pero apesar de todo lo que pudiera pasar, como alguno que otro ya dijo, hay Oreja para rato, y sí, así es.

Y me trae mucho más recuerdos de muchos más momentos y ¿cómo no? personas... con cada canción...




Y mi hermana está en cabeza.

Alguien a quien llevo muy dentro y de quien me acuerdo todos los días, quien siempre me quiso, me cuidó, me valoró, me entendió... a pesar de toda la distancia que nos separa... Es increíble este sentimiento de querer volver a abrazarla una vez más, de volver a bromear y reír nuevamente juntas quizá con uno o dos años más, pero siguiendo siendo las mismas... Y nunca se lo he dicho, pero sé que una día le voy a agradecer todas las pequeñas cosas que ha hecho por mí, y quizá es ley de vida, los hermanos son los hermanos, pero por otra parte... yo no lo siento igual, y me entristece. Puedo pensar que es simplemente la edad, pero, ¿cuándo no hay nadie más...? es ella en quien pienso y en quien me refugio, y aunque ese contacto entre nosotras no sea permanente, sé que es una de las pocas (poquísimas) personas en las que verdaderamente puedo confiar y poder apoyarme para contarle mis pequeños problemas o cosas, que a su edad, no valdrían la pena ni ser llamados "problemas" pero son las etapas, y sé que me comprende...

Existe gente que da la espalda, pero dudo en si ella podría hacerlo alguna vez. Nunca se enfadó conmigo, nunca me gritó incluso cuando yo hacía de las mías, esas travesuras de niños... Dormía conmigo cada finde que se quedaba en mi casa, y antes de dormir siempre teníamos ese pequeño tiempo para nosotras dos a solas, para hablar; contarnos cosas o reír por cualquier tontería... Y decía que lloraba con mis cartas (lo melancólica que soy no ha cambiado), y sus regalos para mi hermano y para mí siempre eran libros, y no se imagina lo felices que éramos así... pero nunca se lo agradecimos como pudimos, quizá porque nunca nos dimos cuenta, pero hoy yo sí.

Está orgullosa de mí y quiere que llegue lejos, ¿quién más me ha dicho eso? Nadie más, sólo ella... Y yo no quiero defraudarla ni decepcionarla, por eso es en la primera persona en quien pienso para poder hacer las cosas bien y mantenerme formándome como persona y buscándome un futuro profesional. Y no quiero equivocarme, juro que no quiero equivocarme... Han sido tantas las veces en las que he pedido perdón en silencio... que sólo por ella sería capaz de llegar hasta lo más alto posible, y si hace falta, darme oportunidades a mí misma para rectificar. Confía tanto en mí...

Y nunca diré que te sustituiría a ti para que seas tú quien esté aquí en lugar de mi hermano, aunque lo haya pensado o haya querido ser siempre hija única, o que hubiese sido otra persona... Hay momentos en los que creo que vivo con un desconocido en casa, y sé que eso te importa, sé que te preocupas por ello... y me prometiste que las cosas cambiarían, y yo confío en tu promesa, pero yo te necesito conmigo también, para que vuelvas a hacer de niñera cuando ni papá ni mamá están en casa... Porque siempre quisiste lo mejor...
Y sé que llegará el momento en que todo esto te lo diga cuando estés cerca, pero hoy no puedo evitar escribirlo...




Hoy sí te echo de menos, hoy sí que estallo por las ganas de verte, y hoy sí que es uno de esos días en los que te quiero a morir a ti por encima del resto, Carolina.



Sigue enseñándome.

Y si tú estás, nunca volveré a sentirme sola.

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