Un abrazo, sólo un abrazo como una ciudad repleta de palabras.
Un verso, sólo un verso como una sábana con sobredosis de tristeza.
Una caricia, sólo una caricia como gotas de lluvia llenas de desórdenes.
Un corazón, sólo un corazón como un mar que creara continuamente tu boca.
Un pensamiento, sólo un pensamiento que pudiera adornar con torpes besos.
Como siempre me precipito para tratar de evitar que mi poesía y tu mirada choquen en los campos de soledades, y arrancaré siempre los miles de pétalos que surjan en mis piernas, y me encogeré un poco más cada vez que me digas:
-Haz el favor de besarme, imbécil.

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